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viernes, 15 de septiembre de 2017

CORRESPONDENCIAS

"LA CARTA"
De Julian Alden

Si miramos el significado de la palabra "Correspondencia" en el diccionario, encontramos estas dos definiciones:
-Relación de complementación, concordancia, equivalencia o simetría que existe o se establece entre dos o más cosas.
-Comunicación entre personas mediante el intercambio de cartas.

Se me ocurre que la primera definición que se refiere a las cosas, se podría aplicar también a esas personas que, mediante el intercambio de cartas, pueden conseguir una relación de complementación y concordancia. 


No hace mucho una amiga me prestó un libro que resultó, como ella ya me había anunciado, una pequeña joya, su título: "Correspondencias" . Este libro es una de las partes que   nació como fruto de una idea a raíz de, en el año 2016, otorgarse a la ciudad de San Sebastián, la capitalidad Europea de la Cultura. Se podría definir como un "dueto epistolar" de dos escritoras separadas en distancia física, aunque cercanas en pensamiento: Arantxa Urretabizkaia y Menna Elfyn. La primera nació en San Sebastián. Periodista, colaboradora en varios programas de radio y televisión así como en diferentes periódicos. Fue en el ámbito de la traducción y la poesía donde publicó sus primeros trabajos, aunque son sus escritos en narrativa  los más renombrados. La segunda es una galardonada poetisa y dramaturga nacida en Gales. Columnista de "el periódico nacional de Gales" y Profesora de Escritura Creativa en la Universidad de ese país.
En el proyecto se les propone a ambas elegir entre las tragedias de Shakespeare y las comedias de Chejov y a través de su obra, de sus vidas, entablar un diálogo. La primera se inclina más por Chejov, la segunda, más cercana a la obra de Shakespeare no se identifica sin embargo con el escritor. En sus posturas no hay extremos, muy al contrario, lo que intentan es acercarse. En realidad el tema principal parece irse difuminando para ir descubriendo a las verdaderas protagonistas, las dos escritoras, que a través de sus vidas, sus experiencias, sus encuentros, sus lecturas, nos van abriendo una ventana al conocimiento de ellas sí, pero también de la historia que en cada uno de los lugares de donde proceden, les ha tocado vivir. Las primeras diferencias ya se perciben desde la niñez.  A la escritora guipuzcoana la engendraron sometida a la iglesia católica, en todo. Habla de los obstáculos con los que tenía que enfrentarse  para acceder a la escuela y a la universidad una chica para la que el único horizonte reservado parecía ser un oficio. Cuenta como su padre, tras perder la guerra, pasó largo tiempo en la cárcel, bajo pena de muerte.
El padre de la escritora galesa era un pastor protestante que desde su púlpito predicaba el socialismo. Tenía un estudio lleno de libros de poesía y filosofía, de ahí pudo cobrar su interés por las palabras, por la poesía. Ella acudía al servicio religioso tres veces cada domingo. La capilla, según nos relata, era un hervidero de actividad. 
El intercambio de las misivas de estas dos mujeres son un recorrido por sus vidas. El lector va viendo cómo han crecido como personas, como escritoras y a la vez va creciendo también él en conocimiento.
Cada una de ellas nos va descubriendo las palabras que pertenecen a dos lenguas con un denominador común: eran lenguas no aceptadas oficialmente, se hablaban sólo en casa.
El prólogo de este libro es de Amos Oz que nos descubre que tragedia y comedia no son dos planetas diferentes. Que ante un conflicto como puede ser el israelí-palestino, puede llegarse a un acuerdo, y para él la palabra "acuerdo" no es sinónimo de capitulación sino de encuentro con el otro en algún lugar del camino. Los puentes no están para ser explotados, se construyeron para ser cruzados. Un puente para ese encuentro puede ser la literatura.
En la primera carta que Arantxa escribe a Menna le dice:

"A decir verdad, para mí no eres del todo desconocida: he leído dos de tus libros y sé que estas líneas servirán para acercar nuestras pieles a ambos lados de un pañuelo".

Al leer uno de los poemas de la escritora galesa, que mi amiga me ha descubierto, he pensado que bien podría servir de respuesta al retazo de la carta que arriba he transcrito.

Por lo que a mí respecta, abrazo esos poemas entre páginas
que hacen regresar a los amantes de las palabras.

Que el poema lleve pañuelo
y deje sobre mis labios

su beso velado.

(versos sacados del poema "BESO CON PAÑUELO" de Menna Elfyn)



Este libro que les he comentado es uno de varios que se han publicado por la editorial Ahotsak Voces. Todos ellos son un intercambio de cartas de dos escritores que, utilizando el tema Shakespeare vs. Chejov, desarrollan otros temas.
No se lo pierdan. 













viernes, 7 de julio de 2017

LA LECTORA INCONFORMISTA

El tren avanza. El paisaje se desliza. Los cambios de tonalidades, de vegetación, la repentina aparición de alguna persona en medio de ella, convierte la ventanilla del tren en el estrecho corte de un zoótropo  donde todo, al pasar deprisa, crea movimiento. Ella no se percata de nada de eso.
Lleva una blusa blanca, sin mangas, y un pantalón de verano con un estampado en distintos tonos de azules. No sería capaz de calcular su edad, aunque su rostro aniñado me sugiere que no debe ser mucha. Llega a su asiento con una mochila y dos libros. La mochila la sube al compartimento superior del equipaje, los libros los coloca en el respaldo de la butaca situada frente a la suya. Apenas descansan allí unos minutos. Enseguida los recupera y los coloca sobre su regazo. Por la cuidadosa manera con la que posa sus manos sobre ellos, se diría que estoy ante una persona que ama los libros. Un leve movimiento de sus dedos, me permite ver el título del libro de mayor tamaño: "El Universo en tu Mano" de Christophe Galfard. Lo abre con sumo cuidado, como si de una caja que contuviera un frágil tesoro se tratara, y comienza a leer...
Vuelvo a contemplar el paisaje, ahora aumenta la vegetación. Se empiezan a ver los primeros montes. En ese instante, la lectora alza su cabeza abandonando la lectura, y se fija en lo que la ventanilla le va descubriendo. Aprovecho para hacerle un comentario sobre el paisaje, cada vez más frondoso. Entonces me habla por primera vez. Su tono de voz es suave, dulce, aniñado, como su rostro. Se ajusta las gafas, coloca parte de su liso cabello tras la oreja, me sonríe durante un breve instante, y vuelve a sumergirse en la lectura.

"Compartimento C de coches, 1938"
de Edward Hopper
(Imagen sacada de Internet)

El tren avanza y con su traqueteo parece ayudar a la joven lectora a pasar las páginas del libro. Lentamente. Se deleita en cada una de ellas y luego, con sus delgados dedos, pasa a otra. El tren avanza y con él, la lectura. Cuando ha avanzado varios capítulos, cierra el libro y coge el otro más pequeño. Es un cómic. Parece infantil. De este nuevo libro no alcanzo a ver bien el título. En cada una de las viñetas se repite un mismo personaje. Una niña con el pelo rubio, cortado a varias capas. En el libro hay un bosque en el que se hace de noche. Cubierta con una manta, sentada en mitad de un claro del bosque, la niña parece asustada. El paisaje del cómic pudiera recordarle a la joven lectora que el tren iba, hasta hace poco, paralelo a uno. Durante unos minutos mira a través de la ventanilla del tren, sí, ahí hay también bosque. Vuelve al poco a asomarse a las pequeñas ventanas del cómic. Se debate entre el bosque animado y el real. A veces puede éste último, otras, es el primero el que atrae su atención. 
Comienza leyendo los diálogos del cómic, pero en un momento dado decide fijarse sólo en los dibujos. Ahora las páginas corren más deprisa. El abandonar la lectura del texto le permite mirar hacia la ventanilla del tren más a menudo. Es una lectora inconformista, no le basta con un sólo libro, un sólo paisaje no le es suficiente, necesita más. Lo que la realidad no le ofrece, lo busca en la ficción, en imágenes o en palabras. Bien sea el universo o un bosque, necesita buscarlo allá donde la mirada curiosa la lleve. Como un zahorí busca aquello con lo que pueda saciar su sed. 
No he podido evitar fijarme en ella. Es en sí también un paisaje, y como él posee serenidad, luz, vida. 

Han pasado varios días desde ese encuentro y ahora al recordarla, pienso que me hubiera gustado pedirle a la joven lectora que leyera algo en alto, que mientras recorría con su mirada curiosa las líneas por descubrir de su libro, las pronunciara con su suave voz para trasladar su belleza a la realidad. Quizá si nuestro encuentro hubiera sido en mitad de ese paisaje que la ventanilla del tren nos mostraba, hubiera sido más fácil. 
Todo esto me ha trasladado a otra lectura, la del libro "Leer y Escribir" de V. S. Naipul. En uno de sus capítulos, el autor relata las clases de preparación para una beca que su profesor, el señor Worm, les daba:
"A veces, quizá solo para escapar del ruido del pequeño edificio del colegio, donde puertas y ventanas estaban siempre abiertas y las aulas separadas únicamente por mamparas, nos sacaba al polvoriento patio, a la sombra del samán. Le llevaban su silla, y se sentaba bajo el samán igual que ante su gran mesa en la clase. Nosotros nos colocábamos a su alrededor, de pie, intentando guardar silencio. Él miraba el librito de Collins Classics que, curiosamente, entre sus gruesas manos parecía un libro de oraciones, y nos leía a Julio Verne como si rezara".

jueves, 22 de junio de 2017

SILENCIO, HABLA EL MAR

"BAÑISTAS"
De Camille Nicolas Lambert


El mar, la mar, tiene algo de curativo. Su susurro atrae como canto de sirena. Primero te acercas a la orilla desconfiando de su temperatura y fuerza, pero al poco, ya tienes un pie dentro, y luego va el otro. Y es entonces cuando te viene la pequeña ola que despierta cada uno de los nervios de tus piernas... y del resto del cuerpo. El tono de tu piel cambia. Se hace más transparente. Te convierte en un ser acristalado, más frágil. Pero eso no logra tu rechazo, al contrario, quieres más. Necesitas su frescura. Vas avanzando con pequeños pasos al principio, dando saltos después , cuando notas que el agua va apoderándose de más partes de ti. Y ya no puedes resistirte, y te metes hasta el cuello. Entonces te das cuenta de su poderío y de la falta del tuyo. Te dejas mecer, qué otra cosa podrías hacer en medio de su inmensidad. Su humedad te arrulla, su sonido te relaja, y ya eres totalmente suya. Si decidiera arrancarte de la tierra definitivamente, sólo tendría que alzar una de sus olas y tú, como un frágil barquito de papel, acabarías flotando sin rumbo hasta ir hundiéndote, llena de agua por todas partes.
El mar, la mar, tiene algo de purificador. Con sus pequeños arañazos, sus húmedos mordiscos, va desprendiéndote de tensiones. Te va desnudando poco a poco, quitándote cada una de tus capas. Esas que llevas encima, como una pesada carga, para que nadie pueda llegarte al fondo, a tu fondo, tan profundo como el suyo.

Ayer en un programa de radio hablaban sobre los beneficios del silencio. El silencio ayuda a estar con uno mismo, que es una forma de fortalecerse para saber estar con los demás. El silencio es el mejor aliado para la creatividad. Quizá por eso hay gente que se empeña en bombardear con diferentes ruidos. Como seres incapaces que son de crear cualquier cosa que posea belleza. Una manera de tortura como otra cualquiera. 
El silencio es alimento para el espíritu y para el cuerpo, que también se fortalece con él. Quien hacía estas declaraciones aseguraba lo rodeados que estamos de ruidos. Constantemente. Ahora con la nueva tecnología más. No nos damos cuenta por ejemplo, cuando utilizamos un ordenador, la cantidad de ruidos que vamos absorbiendo.
El agua del mar también hace "ruido", pero en su caso es susurrante, no estridente.

Contemplar cualquiera de los cuadros de Camille Nicolas Lambert, como el que he elegido para encabezar esta entrada,  es acercarse a la luz, al agua salada, al sonido de sus olas, y dejar que se te quede grabado en el disco de vinilo de tu cerebro. Mirar cualquiera de los cuadros del señor Lambert es envolverse de color, de fiesta, de vida. Luego, cuando ya tienes su imagen tatuada en la retina de tus ojos, los cierras,  para seguir viéndolos. Mar, sol, luz, agua. Y su música mecedora, ¿la oyes?
El mar y tú.  



P.D. Esta entrada no se la dedico a esos "buenos vecinos" que, desde la distancia, me "deleitan" constantemente con sus ruidos. No cejéis en el empeño, quizá algún día consigáis que deje de oír el sonido del mar. 

viernes, 16 de junio de 2017

SUTIL VENENO

Fotograma de la película
"Arsénico Por Compasión"
(Imagen sacada de Internet)

En la divertida comedia dirigida por Frank Capra "Arsénico por Compasión",  protagonizada por Gary Grant, quien según aseguró disfrutó mucho en su rodaje, se nos cuenta la historia de dos tiernas ancianitas, tías del protagonista, que se dedican a aliviar el sufrimiento de los mayores, añadiéndoles en sus copas un "condimento", arsénico para ser más exactos, que además de no alterar el sabor de la bebida, apenas les deja tiempo para notar sus efectos. 
Una manera sutilmente amable de llevarse a la gente al otro barrio. Y es ese modo sutil lo que cambia totalmente la percepción que tenemos de las dos ancianas. Sin esa sutilidad, sin esa amabilidad, sin ese envoltorio de candidez de los dos personajes femeninos, estas mujeres serían vistas como lo que en realidad son: dos simples asesinas. 
En realidad, el creador de esta historia, que se engendró como obra teatral, lo que hace es utilizar la psicología. Condensa en los dos malévolos personajes esas cualidades que más pueden gustar,  para ganarse la simpatía del espectador.
Detrás de una palabra amable, tras un gesto de aparente cariño, puede esconderse la más terrible de las maldades, la más fría de las venganzas. 
Hace un tiempo una mujer me contaba que tras haberse enterado de la traición por parte de una amiga suya, que mantenía relaciones con su marido, decidió que debía hacerla notar que ella lo sabía, y darle de paso su merecido. En lugar de armarle una bronca en medio de la calle, o protagonizar cualquier otra escena de celos, lo que hizo fue regalarle un libro, una novela  en la que se relataba precisamente eso, una historia de infidelidad, de traición. Escogió tan bien el título, que cuando la traidora amiga leyó la historia, casi le da un soponcio.
La venganza no sería completa si la amiga traicionada no supiera el resultado de su regalo-veneno, así que le preguntó a la condenada qué le había parecido el libro en cuestión. El rostro de la traidora en ese momento, fue impagable para la mujer traicionada. Tan entusiasmada estaba con la escena, que se le olvidó inmortalizarla en la cámara de su móvil. 
Pero lo que más desazón le produjo a la traidora en cuestión, y que no se lo hizo saber a la amiga traicionada, es que el libro que le había regalado tenía un defecto de edición, y faltaban las últimas páginas de la historia. Ese no saber cómo iba a terminar la historia, hizo que la mente de la traidora creara por su cuenta el final, y como comprenderán, en esos momentos en los que se vio pillada casi in fraganti, la mente de la díscola mujer no estaba para crear buenos augurios.
Lamento no recordar el título de la novela en cuestión, aunque quizá sea mejor así, evitando que se vuelva a utilizar como arma arrojadiza.
En la película de Frank Capra, el veneno era colocado dentro de una copa.  A veces puede también mezclarse con elementos no materiales, como la palabra hablada. En el caso de la palabra escrita, ni siquiera tiene que haber veneno en ella, lo que la convierte en venenosa es la mente del lector, al equiparar la escena que la palabra escrita describe, con su propia realidad. Es la conciencia  del lector, agitada por la palabra impresa,  lo que consigue un imposible: unir unas historias que hasta entonces eran dos líneas paralelas. 
Hay regalos veneno, hay palabras que son puro cianuro. Una de las historias más terribles que conozco es la de un hombre que estuvo literalmente envenenando a su socio durante su convalecencia de una grave enfermedad,  con mentiras que dañaron la reputación de uno de sus empleados. Al creerse traicionado por uno de sus empleados favoritos, el hombre enfermo fue apagándose poco a poco. Lo que no hizo más que añadir una razón más para aumentar la "culpabilidad" del empleado.
Como la maldad no tiene límites, después de encargarse de su socio,  fue a por el empleado en cuestión, poniendo a toda la opinión pública en contra de él, llegando incluso a crear pruebas falsas.  Y es curioso la facilidad que tiene la gente de creerse una mentira. Eso sí, envolviéndolo todo en ambas ocasiones, con constantes gestos de amabilidad y simpatía. Ni el mismo Lucifer lo haría mejor.
El veneno tiene una extraña propiedad y es que es un elemento, que cuanto más se le mezcla o envuelve con otros, más aumenta su efectividad. 



viernes, 12 de mayo de 2017

EN SOLITARIA ARMONÍA

"El Cedro Solitario, 1907"
De Tivadar  Kosztka Csontváry



Vengo de leer poesía y con ese simple acto, mi mirada se ha limpiado de hostilidades y desencuentros, de incomprensiones y desconocimiento. La poesía tiene un poder curativo, ahonda tanto en sentimientos, que llega a purificarte con ellos. Un poema puede ser una balada de derrota, pero también un himno triunfante. Puede ser llanto y luminosa risa. Puede ser paisaje, persona, tiempo... La poesía es como el precioso cuadro que encabeza esta entrada. Puede ser tronco que resiste las envestidas de los fuertes vientos, o ramas que deciden dejarse llevar suavemente por ellos. La poesía transforma y se transforma convirtiendo a quien la lee en otro,  como el cedro pintado por Tivadar Kosztka, mitad árbol, mitad pájaro, aferrando sus raíces en tierra, pero dejándose crecer alas para, en cualquier momento, alzar el vuelo. 
En este bello cuadro hay luz, pero también nieblas y nubes. Hay islas. El cedro solitario contempla y vigila todo lo que le rodea desde su parte superior con forma de máscara. Éste es un cuadro lleno de tonos suaves bordeados por otros más fuertes. Formas redondeadas pegadas a otras alargadas. Es un cuadro lleno de contrastes y sin embargo, armónico. Y al fondo, el mar, el horizonte...




sábado, 8 de abril de 2017

SUSURROS DE COLOR

(Imagen sacada de Internet)

Los cuadros de Antonio Basavilbaso García rebosan verdes tan profundos como los bosques a los que  visten.  Azules, blancos y verdes luminosos que dan cuerpo a las olas de sus paisajes marinos. Coches cuya velocidad nos hace descubrir la intensidad de los colores de sus chapas metálicas y sus luces. Árboles que esconden duendes y energías, y muestran rostros. Carruajes arrastrados por caballos tan desbocados como los sentimientos que representan. Escritores que levitan dentro de un círculo luminoso, acompañados por los mágicos personajes protagonistas de las historias que crearon. Rostros y vestidos étnicos que nos descubren la rica variedad de nuestro planeta. Pinturas que en ocasiones parecen fotografías-posters llenas de paisanaje a punto de ponerse en movimiento y saltar a este otro lado.
Las Islas Canarias, Madrid (España),  o La Plata (Argentina), son algunos de los lugares de los que la retina de este pintor captó sus bellos y mágicos rincones, y su mano de artista plasmó en los lienzos. 
La exposición del señor Basavilbaso García ahora y hasta el 30 de los corrientes en el Arco de Santa María, es una explosión de colorido y belleza. Un regalo para cualquiera que la visite. Alimento para todos nuestros sentidos. 
Lo mismo que la mujer del cuadro que encabeza esta entrada, apoya su espalda sobre la corteza de un árbol para escuchar el susurro de éste que le transmitirá su energía, mis ojos se volverán a posar alguna otra vez sobre los cuadros de este pintor para, a través de ellos, alimentar mi cuerpo y mi espíritu de belleza.
Haciendo referencia al apellido de este pintor "Basavilbaso" he descubierto que es el nombre de una localidad de interior, una estación ferroviaria nacida tras el paso del tren el 30 de Junio de 1887, a la vera de la cual se asentaron grupos de inmigrantes, en este caso de origen judío. La primera colonia judía llegada al país, y fue también la precursora de la primera Cooperativa Agrícola Sudamericana, llamada Lucenville. Estos pioneros fueron conocidos como gauchos judíos. Desarrollaron la agricultura y la cría de animales en un espacio donde eran prácticamente inexistentes.
La escritora francesa Elena Poniatowska en su novela "Leonora" sobre la vida de la pintora surrealista Leonora Carrington, pone en boca de uno de sus personajes una de las  definiciones más bellas y desgarradoras que he conocido sobre ser judío: "Ser judío -dice- es un largo grito que atraviesa la  noche."

Ser artista del pincel, creo yo, como en el caso de Antonio Basavilbaso García es un latigazo de fuerza, color, volumen, belleza en suma.

¿Se la van a perder?

viernes, 31 de marzo de 2017

PARAGUAS PARA DÍAS SOLEADOS

"DIA VENTOSO"

En estos días han llegado a mis manos varios artículos interesantes. Uno de ellos está escrito por Begoña Rodríguez Urriz, se titula: "Paraguas Rotos", en él su autora utiliza los paraguas rotos como metáfora, y redacto literalmente "de esas personas que por una causa u otra, no han podido resistir los golpes de la vida, (quizá por haber protegido a otros de los mismos) y se han roto y han claudicado ante la adversidad; están ahí como  paraguas tras el vendaval, tirados y abandonos en papeleras y contenedores como existen y hemos organizado para ellos".
Es tan fácil romper a una persona, aunque a veces quien parece más débil no lo es tanto. Es desconcertante que alguien que ha aguantado vientos y mareas se derrote ante una situación aparentemente sencilla, claro que hay que tener en cuenta que lo que hace rebosar el vaso no es la gota, sino todo el líquido acumulado anteriormente. 
Para esquivar esos duros momentos, cada uno se parapeta como puede. Hay quien invoca a sus ancestros, otros a seres divinos. Los hay que buscan la cura en los libros, pero hay que elegir bien el libro adecuado para esos momentos tan especiales porque no todos los libros curan, algunos por el contrario, duelen. Aún así puede que haya personas que eligiesen uno de estos libros para los malos momentos, basándose quizá en la teoría que nada mejor que un clavo para sacar otro clavo.
Paseo mi mirada sobre las líneas a veces con forma de verso, otras de pensamientos en prosa, del libro de Vicente Aleixandre "Espadas como Labios- Pasión de la Tierra" . De la sección en prosa escojo "Hacia El Azul", y de este capítulo son estas líneas:
"Canta, esperanza de agua. Dadme un vaso de nata o una afiladísima espada con que yo parta en dos la ceguera de bruma, esta niebla que estoy acariciando como frente. Hermosísima, tú eres, tú, no la superficie de metal, no la garantía de soñar, no la garganta partida por un cuchillo de esmeralda, no sino sólo un parpadeo de dos visos sin tacto, de dos bellas cortinas de ignorancia. ¡Olvidar! Olvidar es una palabra fácil, fíjate bien: olvidar. Como quien dice: "Qué día hermoso", o "Qué hora será cuando la lluvia", o "Dime el peso exacto de tu pena y te diré cómo querrías llamarte: Alegre".
Intenten arreglar las varillas de su vapuleado paraguas. Utilicénlo como sombrilla para que  el sol repose sus rayos en ella,  y bajo su cálida sombra, lean.